REVISTA FÉNIX | Nro. 6


Sumario: Octubre 1999



1| PALABRA EN EL TIEMPO
Autor
Título
George Steiner
(nota introductoria y traducción de Alejandro Bekes)
Casandra tenía razón.
Un elogio de la vieja crítica según George Steiner.
2| POESÍA
Autor
Título
Horacio Castillo
| La cabra | A una rama de laurel | Canción | Andrew Marvell a su tímida amada | Tapiz | Simeón estilita | Auto de sombras | Entre sombras y lejos |
María Teresa Andruetto
| Las amigas de mi abuela | Citroën | Visita | Hamaca | Ahora que viene el tiempo de los pájaros |
Eugenio de la Torre
Sonetos
3| ESCRITURAS
Autor
Título
Juan José Hernández
Mirada reflexiva y espontaneidad creadora en la poesía de Octavio Paz
4| LA TRADUCCIÓN POÉTICA
Autor
Título
Alfonso Berardinelli
(traducción de Pablo Anadón)
Juan García Gayo
Emily Dickinson
(versiones de Juan García Gayo)
Seis poemas: | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 |
Pablo Anadón
El silencio escandido del telar (sobre la poesía de Mirella Muià)
Mirella Muià
(versiones de Pablo Anadón)
| La madre (I) | La madre (II) | La madre (IV) | La partida | Diálogo | Ante un ícono griego llamado "Virgen que amamanta" |
5| PIEDRA DE TOQUE
Autor
Título
Pablo Anadón / Cristina Piña
Dos lecturas del último libro de Jorge Andrés Paita (Jorge Andrés Paita)
María Teresa Andruetto
Un ojo que sueña y otro que vigila (Horacio Preler)
Emilio Teptiuch
Fuga y retorno. Itinerario poético de Eugenio de la Torre (Eugenio de la Torre)
Pablo Anadón
Donde el espíritu ya no desarraiga (René Char)
Una heráldica de la subjetividad (Sandra Cornejo)
María Eugenia Avellaneda
Un norte de sentido (Enrique Luis Revol)
Mario Argüello
La alquimia de una poesía capaz de sublimar lo cotidiano (Osvaldo Guevara)

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LA TRADUCCIÓN POÉTICA

Por Alfonso Berardinelli
Poesía del día del juicio
—Traducción de P. A.—

Yo no soy Nadie... ¿Y quién
Eres tú ? ¿ También — Nadie ?
¡Entonces somos dos!
¡Que no se sepa! ¡Harán correr la voz!


¡Qué triste — que es ser — Alguien...!
¡Cuánta publicidad — como la Rana
Propagando su fama — sin fin en el verano
Frente a la admiración de su Pantano!


Una escansión violenta, impaciente, exclamativa, en la cual el verso se parte en dos, en tres partes, con detenciones y cesuras crueles, para que cada palabra libere toda la vida esencial que contiene y salga de su aletargado estado vegetativo. Mientras el ritmo de Walt Whitman es amplio y acogedor, femenino, se diría, en su hospitalaria falta de selección y de decisión, los versos de Emily Dickinson son en cambio filosos, relucientes, armados de un vigor viril y guerrero, que lucha cuerpo a cuerpo con la vida entera, golpe tras golpe, una estrofa tras otra: como si la vida nunca pudiese fluir distendida y serena, sino que en cada hora fuera llamada a un definitivo "día del juicio".
     Desde que tenía treinta y cinco años hasta su muerte, veinte años después, no se movió de su ciudad natal, Amherst, en Massachusetts. Vivió como una reclusa, negándose a ver no sólo a los extraños, sino a veces a sus mismos amigos. Desilusión, desesperación sentimental para la cual siente que no podrá existir remedio. Y también una intensidad paroxística de la sensibilidad, que es siempre demasiado fuerte, en su clausura en sí misma, para afrontar las "normales" y usuales relaciones con los demás. Es de esta situación de exceso (gran exuberancia y gran soledad) de donde nacen, por un impulso momentáneo de plenitud, sus poemas. Versos escritos en pedazos de papel, en el dorso de sobres usados, y que luego serán corregidos, variados, pero sin alcanzar ese estado de acabado final que pueda dejar totalmente tranquilos a los editores.
     Como "poeta privado", que escribe para sí y se niega a publicar, Emily Dickinson no ha dejado una obra poética, sino cuadernos y cuadernillos de poemas que, como se ha observado, sólo existían para sus ojos y nunca fueran llevados a término, como sucede con todo texto destinado a la publicación. Es esto lo que da a sus poemas ese tono de desbordante sinceridad y ese desesperado humorismo, a menudo, al decir la verdad. Porque, como escribió en una carta, "el candor es la única astucia" y "la verdad es una cosa tan rara, que es un placer decirla". Individualismo puritano y libre pensamiento, el sentido de la intensidad única, irrepetible, de cada hecho, de cada vida y momento de la vida: es esto lo que vuelve a los poemas de Emily Dickinson dramáticos como explosiones de luz, revelaciones "para siempre" de algo que inexorablemente pasa.
     El poeta Archibald MacLeish ha escrito: "¿De qué modo nos habla esta voz inolvidable? Antes que nada, y con absoluta evidencia, el tono es perfectamente espontáneo. Ninguna actitud o pose preliminar, literariamente preconcebida. Nunca se tiene la impresión del tema elegido en frío, de la tesis a desarrollar [...] La Dickinson ya está en la poesía antes de comenzar, como un niño ya está en una aventura antes de que encuentre las palabras para hablar de ella. O, para decirlo en otros términos, sólo pocos poetas, y entre los más grandes (me viene a la mente Donne), han escrito de manera más dramática que Emily Dickinson, con mayor uso de locuciones vivas del discurso dramático, palabras nacidas vivas en la punta de la lengua y escritas como si fueran pronunciadas".
    En las dos estrofas citadas, por ejemplo. Exclamaciones, interrogaciones, pausas y cesuras fuertes. Revelaciones dramáticas que se transforman en salidas humorísticas. La verdad que se convierte en juego de palabras. Y el monólogo que toma la forma de un diálogo, la anulación en la soledad que se anima como una broma infantil. Se convierte en jactancia, desdén de la fama, de la publicidad. ¡Sólo una ridícula rana puede extasiarse de croar tediosamente una y otra vez el propio nombre, la propia señal de presencia, en esa especie de ciénaga o estanque que se llena de la más desoladora admiración!

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LA TRADUCCIÓN POÉTICA

Por Juan García Gayo
Seis poemas de Emily Dickinson

Un mes atrás Rodolfo Godino, poeta y amigo, me llamó por teléfono para contarme que acababa de descubrir entre sus papeles y carpetas unas paginitas amarillentas con varios poemas de Emily Dickinson traducidos por mí y que, a modo de saludo, yo le había enviado a Córdoba hace la friolera de treinta años. —Las traducciones son buenas, me dijo. Te las mando para que veas. Tres días después yo también confirmaba, con asombro, que mis antiguas versiones eran ¿cómo decirlo?, satisfactorias. Y que, tal vez, hasta podrían publicarse. Godino ya había dado, en ese sentido, un generoso primer paso: hablar con el director de Fénix. La prueba de que su sugerencia fue aceptada está a la vista y así, de esta curiosa manera, seis poemas de E. D. regresan de nuestros pasados personales para instalarse ahora en las páginas de esta revista.
    Pero antes corresponde ofrecer algunos detalles biográficos de la notable poeta norteamericana nacida en Amherst, estado de Massachusetts en diciembre de 1830 y que en sus 56 años de vida prácticamente no conoció otro lugar que su pueblo y su casa. Sabemos que, voluntariamente recluida en la mansión familiar desde 1856, le gustaba la música pero prefería quedarse en el vestíbulo a entrar al salón donde se tocaba; vestía invariablemente de blanco y la modista que le hacía los vestidos no se los probaba a ella sino a su hermana Lavinia; mandaba a los vecinos semillas de plantas y pasteles hechos por ella misma acompañados de cortas y extrañas notas. Sin duda, Emily era una persona diferente, la rareza del pueblo pero también la autora de 1.200 poemas que constituyen su maravillosa "carta al mundo, que a mí nunca me escribió". De esos poemas breves, epigramáticos, brillantes, desprolijos a veces, muchas veces geniales, Emily Dickinson solamente publicó cuatro en vida. Silencio y anonimato. Pero cuando llegó el tiempo de la justicia, aquellos montones de poemas escritos con letra menuda, indescifrable casi, que su hermana Lavinia rescató de la destrucción, dejaron al descubierto los tesoros que escondían y elevaron el nombre de la poeta del reducido núcleo de admiradores al de la consideración universal. Esta consagración se produjo en 1924 al publicarse The Life and Letters of Emily Dickinson, de Martha Dickinson Bianchi y los Complete Poems y Selected Poems, con un prólogo del poeta Conrad Aiken. Esa fama que ella "no pretendía eludir si llegara a encontrarla en mi camino", como dice en una de sus cartas, finalmente la había alcanzado.
     Con clarividente seguridad frente a la labor acometida, cierto simpático desenfado que le permitió transgredir los rigores formales del verso cuando no se avenían a su necesidad creadora, la pasión de sus poemas de amor y su graciosa firmeza para hablar con Dios, Emily produjo una poesía cuya intensidad y magnetismo provienen no de experiencias acumuladas sino de carencias vitales que ella logró condensar en metáforas de audacia y originalidad sorprendentes. Como ya dijimos, no conoció el mundo, pero un universo vivió dentro de ella.


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LA TRADUCCIÓN POÉTICA


Por Emily Dickinson





(versiones de Juan García Gayo)
Emily Dickinson

Seis poemas
*
Six poems

Versiones de
Juan García Gayo

1


I died for beauty, but was scarce
Adjusted in the tomb.
When one who died for truth was lain
In an adjoining room.


He questioned softly why I failed?
"For beauty", I replied.
"And I for truth, —the two are one;
We brethren are", he said.


And so, as kinsmen met a night.
We talked between the rooms.
Until the moss had reached our lips.
And covered up our names.


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1


Morí por la belleza, pero apenas
Estaba acostumbrada a mi sepulcro
Cuando uno que había muerto por la verdad
Fue echado en una cámara contigua.


Preguntó con dulzura las causas de mi muerte.
"Por la belleza" —respondí.
"Y yo por la verdad. Las dos cosas son una.
Estamos hermanados", me dijo.


Y así, como parientes que una noche se encuentran
Conversamos a través de los cuartos,
Hasta que el musgo invadió nuestras bocas
Y cubrió nuestros nombres.

2


The last night that she lived,
It was a common night,
Except the dying; this to us
Made nature different.


We noticed smallest things,—
Things overlooked before,
By this great light upon our minds
Italicized, as 'twere.


That others could exist
While she must finish quite,
A jealousy for her arose
So nearly infinite.


We waited while she passed;
It was a narrow time,
Too jostled were our souls to speak,
At length the notice came.



She mentioned, and forgot;
Then lightly as a reed
Bent to the water, shivered scarce,
Consented, and was dead.



And we, we placed the hair,
And drew head erect;
And then an awful leisure was,
Our faith to regulate.


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2


La última noche que vivió
Fue una noche común,
Excepto para la moribunda. Y esto hizo
Que la naturaleza nos pareciera diferente.


En las pequeñas cosas reparamos
—Cosas antes miradas al pasar—
Como si esta gran luz sobre nuestros recuerdos
Las hubiera acentuado.


Que los otros pudieran existir
Mientras ella moría quedamente
Nos hacía celosos de su viaje
Tan cerca ya de lo infinito.


Mientras se despedía la rodeamos.
Fue un momento muy breve,
Nuestras almas estaban demasiado apretadas para hablar,
A lo lejos llegaba la noticia.


De pronto dijo algo y lo olvidó.
Después, igual que un junco, con dulzura
Se curvó hacia las aguas, apenas sacudida;
Condescendió por fin y se entregó a la muerte.
Y nosotros, nosotros le ordenamos el pelo


Y pusimos erguida su cabeza.
Y después vino una tremenda calma
A encauzar nuestra fe.


3


The moon is distant from the sea
And yet with amber hands
She leads him, docile as a boy,
Along appointed sands.



He never misses a degree;
Obedient to her eye,
He comes just so far toward the town,
Just so far goes away.


Oh, Signor, thine the amber hand,
And mine the distant sea,—
Obedient to the last command
Thine eyes impose on me.


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3


La luna está lejos del mar
Y aún así, con manos de ámbar,
Ella es quien lo conduce, dócil como un muchacho,
A través de elegidas arenas.


Él nunca pierde su caudal;
Obedeciendo al ojo de la luna
Viene hacia la ciudad desde muy lejos
Y tan lejos se vuelve.


Oh, Signor, tuya es la mano de ámbar
Y mío el mar distante.
Obediente a la orden más pequeña,
Pon sobre mí Tus ojos.


4


I held a jewel in my fingers
And went to sleep.
The day was warm, and winds were prosy
I said: "Twill keep".


I woke and chid my honest fingers,—
The gem was gone;
And now an amethyst remembrance
Is all I own.


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4


Una joya retuve entre mis dedos
Y a descansar me fui.
Caluroso era el día y áridos los vientos.
"La guardaré", me dije.


Increpé al despertar a mis honestos dedos:
La Gema se había ido.
Y ahora sólo un recuerdo de amatista
Es todo lo que tengo.
5


Let me not mar that perfect dream
    By an auroral stain.
But so adjust my daily night
    That it will come again.


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5


No vaya yo a dañar aquel perfecto ensueño
    Con una mancha de aurora.
Que pueda en cambio componer mi noche diurna
    De tal modo que el ensueño regrese.


6


I meant to find her when I came;
Death had the same design;
But the success was his, it seems,
And the discomfit mine.


I meant to tell her how I longed
For just this single time;
But Death had told her so the first,
And she had hearkened him.


To wander now is my abode;
To rest, — to rest would be
A privilege of hurricane
To memory and me.


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6


Nací para encontrarla a mi llegada
Mas la Muerte tenía idéntico designio.
Para la Muerte, creo, ha sido el triunfo,
Para mí la derrota.


Nací para decirle
Cuánto anhelé este momento único;
Pero la Muerte sólo le ha contado el principio
Y ella quiso escucharla.


Desde entonces vagar es mi morada.
Descansar, ah descansar sería
Un privilegio de huracán
Para mí y la memoria.








 
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