REVISTA FÉNIX | Nro. 3


Sumario: Abril 1998



1| PALABRA EN EL TIEMPO
Autor
Título
Alfonso Berardinelli
Cosmopolitismo y provincialismo en la poesía moderna
2| POESÍA
Autor
Título
Juan José Hernández
Susana Cabuchi
| Alas | Oficio | Álbum familiar | Aires | Pasos | Certeza | La tarde |
Cristina Piña
| Taller de la memoria | Gajes del oficio | Garza como mujer | Receta | Desayuno con Santo Tomás | Calendario |
3| ESCRITURAS
Autor
Título
Alejandro Nicotra
El viaje, una metáfora
Dora Hoffmann
(selección de Alejandro Nicotra)
| Casa sola | En el agua en reposo | Los grandes viajes | Pero quizás en alguna parte | Yacente con máscara de jade | Ventana de invierno | Gato | La ausencia |
4| LA TRADUCCIÓN POÉTICA
Autor
Título
Pablo Anadón
Valerio Magrelli
(versiones de Pablo Anadón)
5| PIEDRA DE TOQUE
Autor
Título
Oscar Caeiro
La contención poética de Antonio Requeni (Antonio Requeni)
Cristina Piña
La palabra implacable (Rodolfo Godino)
Pablo Anadón
La mirada piadosa del poeta (Ricardo H. Herrera)
De la celebración al desencanto: La poesía de Santiago Sylvester (Santiago E. Sylvester) Paseo en sueños por los bosques de la literatura (María Negroni)
Elisa Molina
La edad de la prosa (Santiago Kovadloff)
Ramón Cornavaca
La poética de Propercio a la luz de la crítica actual (Arturo Álvarez Hernández)
Horacio Castillo
Fredi Guthmann: Una poesía devuelta por la muerte (Fredi Guthmann)


2

POESÍA

Por Juan José Hernández

Elegía


Tu molicie más dulce que la miel
                                             L.L.

Nocturnos aguaceros de verano,
su redoblar sonoro
en los techos de cinc.
Temerosas del rayo, las mujeres
cubrían el espejo de la sala:
dalia gris de la lluvia
sesgada de relámpagos
en un tiempo y espacio
para siempre perdidos.


¿Qué añoras? ¿Una calle monótona
bordeada de naranjos?
¿La plaza de una estación de tren
donde un prócer escuálido
—melena y ceño adusto— sigue de pie
junto a un sillón de mármol?


Bajo toldos de frescura y pereza
me quedaba tendido:
animal del deseo, sobre mi pecho su jadeo dulcísimo.


Nunca pasaste silbando entre arboledas.
Ningún jardín le dio a tu alado ensueño
fácil jaula. En vez de ruiseñores,
la estridente charata de vuelo sorpresivo
y el coro de coyuyos, semejante a un aullido.
¿Príncipe de Aquitania?
No eras el desterrado; más bien un excluido.


¡Tantos veranos indolentes fueron míos!
Yo había descubierto
al huésped silencioso del estanque azogado,
idéntico y distinto de mí mismo.


Nocturnos aguaceros
que oyes caer, indiferente,
no en los techos de cinc
sino sobre el asfalto de una ciudad
en la que a veces te sientes extranjero.


De pronto, un destello quimérico
que viene del pasado
ilumina el confuso borrador del poema
y te devuelve intacta la casa de tu infancia:
agua morena de tu madre joven
que está lloviendo ahora
en un patio de baldosas rosadas.


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*

Epifanías

¡Quién pudiera mirar el mundo
a través de los ojos enjoyados de un gato;


ser el palomo de buche iridiscente
que bebe agua de lluvia en la vereda,


la palmera indolente mecida por el viento
en el jardín del mediodía intacto,


o la sierpe melódica de Delmira Agustini
vibrando eterna, voluptuosamente!


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*

Níspero en flor

Las nervaduras de las hojas
del níspero —un árbol
que parecería inventado
por el douanier Roussseau—
se trasparentan en la luz
como una red de venas.
En torno de sus flores asediadas
divagan rumorosas las abejas.


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*


El inocente

Risueño, contemplabas
al huésped silencioso
del espejo,
ese bello animal de ojos sumisos
que a tu lado tendido se lamía
la pelambre del sexo
con lánguido deleite.
Beatífico, ignorabas
la servidumbre de la repulsión.


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*


Rimbaud habla de su último encuentro con Verlaine en Stuttgard

Y a t-il un arme spéciale pur la chasse à l'éléphant?
                                                                       A.R.



La obesa walkiria, dueña de la pensión
de la Wagnerstrasse en Stuttgard,
donde viví una temporada,
apareció esa tarde en mi boardilla
para decirme que un compatriota mío,
un tal monsieur Verlaine, preguntaba por mí.


Sin mayor entusiasmo, bajé a su encuentro.
Tras el abrazo impersonal
y el consabido besuqueo de mejillas,
nos sentamos a charlar
en la salita de recibo de la pensión
con sus paredes tapizadas de moaré rojo,
como en los prostíbulos.
Allí Verlaine me contó su conversión
al catolicismo (la única religión de los franceses,
sentenció), ocurrida súbitamente
y acompañada de copiosas lágrimas
en la cárcel donde estuvo preso casi dos años
por intentar asesinarme.


De pronto, el flamante ex-convicto
y converso, me pidió que también yo abrazara
la fe católica para poder amarnos en Jesucristo,
La ocurrencia me hizo reír a carcajadas.
Sereno y circunspecto, el pío panida
me observaba con sus ojos de tártaro benigno,
o de gato apagado en los que no brillaba
su espléndida lujuria.
Vestía macfarlane gris oscuro y llevaba
prolijamente recortada su barba cobriza.
Durante un largo rato, Loyola
me dio la lata sobre la salvación de mi alma.
Parecía sobrio, pero igual me inspiraba temor.
En cualquier momento, el catecúmeno
podía pasar de la prédica edificante
a la furia homicida.


Insistió en que había venido
a Stuttgard para reanudar nuestra amistad
a través del amor de Jesús, el Buen Pastor
que acogería de nuevo en su rebaño
a la oveja descarriada.
Por lo demás —agregó— aún nos unía
el fervor por la palabra y la poesía.
A propósito: ¿había escrito yo algo últimamente?
Quise decirle que después del escándalo
de Bruselas había dejado de escribir,
que mi deseo era abandonar Europa,
viajar por el mundo, llenarme los bolsillos de oro
aunque para lograrlo debiera dedicarme
a la venta de esclavos, de drogas o de armas.
Que estaba harto, en fin, de su nostalgia
del aguachirle conyugal y del chupete
de la chère maman, siempre dispuesta a consolarlo.
Había sido un iluso en creer que la poesía
acabaría por hacernos visionarios
y devolvernos a nuestra condición de hijos del sol.


¡Pendejadas!
Éramos sólo un par de vagabundos
que intercambiaban piojos, versos,
caricias y trompadas.
Pero no dije nada, y pensando
que nos vendría bien un poco de aire fresco,
busqué mi gabán y mi gorra marinera
y le propuse al neófito dar un paseo
por las calles y los bares nocturnos
de la ciudad extranjera.
En la fría madrugada, luego de haber bebido
todo el alcohol de Stuttgard,
sangraban las noventa y ocho llagas
de Jesucristo ante el hermano renegado
que en voz alta decía versos blasfemos,
y bajo el mantel de hule de la mesa del bar
posaba en mi bragueta su seráfica mano.


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4

LA TRADUCCIÓN POÉTICA

Por Pablo Anadón
Telarañas de la razón

Notas sobre la poesía de Valerio Magrelli

Ya antes de publicar su primer libro, Valerio Magrelli (Roma, 1957), el benjamín de la poesía italiana de los años 70 y 80, era reconocido como uno de los más valiosos y definidos talentos de la nueva generación. Tenía veinte años cuando sus poemas comenzaron a aparecer en revistas de peso como Periodo Ipotetico y Nuovi Argomenti y poco después fueron recogidos en antologías también importantes de esos años, lo cual creó en torno de su obra una expectativa inusual para un joven poeta. La publicación de su primer libro, Ora serrata retinae (1980), no sólo confirmó la validez de tales expectativas, sino que le dio a Magrelli una fama precoz que se ha ido extendiendo con los años (se recuerda que Fellini iba diciendo por Roma: "¡Hay que leer a Magrelli! ¡Hay que leer a Magrelli!"). Despliega asimismo una proficua actividad crítica (sus ensayos suelen tener la misma original agudeza de su poesía) y ha realizado traducciones de poesía francesa.
     No es difícil explicarse el amplio consenso que saludó a los primeros poemas de Magrelli, tanto si los ponemos en relación con el contexto de la poesía italiana de esos años cuanto si los consideramos en sí mismos. El escritor Enzo Siciliano resaltaba el primer aspecto, observando cómo, después de "los incendios y las flaubertianas reducciones a cero de la neovanguardia" y luego —y todavía en medio— del "aluvión existencial de los escritos posteriores al '68", la poesía de Magrelli lo había impresionado como "una poesía que recomienza del principio". Tal impresión de cosa primigenia ha sido registrada por casi todos los críticos que se han ocupado de las primeras obras de este autor.
    Y, en efecto, considerados en sí mismos, esos poemas llaman la atención por la naturalidad y la precisión de su estilo. La voz poética, que más que cantar o hablar pareciera murmurar cada verso, no se esfuerza ni fuerza el desarrollo de los temas. "Su poesía —ha observado Octavio Paz— es un soliloquio escrito con lápiz en un pequeño cuaderno a las horas más altas y solitarias de la noche" (tal ha sido, según me confesó el poeta años atrás, el origen concreto de su primer conjunto de poemas). No es lírica nocturna, sin embargo, en el sentido romántico que suele asociarse al término. Su estilo es el de quien vuelve en la noche a lo vivido y lo sopesa en calma. De lo vivido poco llegará a la página: ha de arribar, en cambio, sobre todo el acto de sopesarlo, de medirlo. Parecen poemas musitados con los ojos cerrados. La pupila se vuelve sobre sí misma, se observa mirar lo mirado. No es casual que sea el ojo una de las figuras más recurrentes en sus textos (ya desde el título enigmático del libro inicial, Ora serrata retinae, vocablos anatómicos que designan el borde dentado de la retina). La percepción, el conocimiento, la gnoseología en general, es el ámbito predilecto de este poeta. Le obsesiona, por ejemplo, el momento y los modos en que la materia, todo aquello que llamamos burdamente "realidad objetiva" se transforma en sustancia psíquica, espiritual. Y asimismo la vuelta que cierra el círculo: el instante en que lo invisible, anímico y mental, se hace materia visible. De allí la importancia central del ojo en esta poesía de la conciencia: órgano físico, carnal, transvasa sin embargo la realidad sensible a la intangible realidad de la mente, y es al mismo tiempo lugar privilegiado de manifestación de nuestra vida íntima —en la mirada, en el llanto:

È specialmente nel pianto
che l'anima manifesta
la sua presenza
e per una segreta compressione
tramuta in acqua il dolore.
La prima gemmazione dello spirito
è dunque nella lacrima,
parola trasparente e lenta.
Secondo questa elementare alchimia
veramente il pensiero si fà sostanza
come una pietra o un braccio.
E non c 'è turbamento nel liquido,
ma solo minerale
sconforto della materia. (*)

     Magrelli ha realizado estudios sistemáticos de filosofía, y su actitud poética comparte mucho de la indagación especulativa. Ha hecho explícita tal proximidad, construyendo uno de sus textos en base a argumentos, transcriptos casi literalmente, del Tratado sobre los principios del conocimiento humano de Berkeley. Lo notable es que el acento de esos versos es de cuño netamente 'magrelliano'. Para Magrelli, como para Borges, las problemáticas filosóficas son una rica cantera de material poético. Decía, en efecto, en una entrevista, refiriéndose a "la belleza de la filosofía": "He quedado impresionado por el Borges de Otras inquisiciones. Quizá, es también una cuestión de retórica en el sentido clásico. O quizá, y esto es lo más difícil de justificar, lo que cuenta es la solemnidad de ciertas enunciaciones" 1. Podría decirse que importan menos las supuestas verdades, que las perplejidades que originan, el renovado estupor ante el mundo: "Ingeniárselas para construir algo que permita mostrarse a otra cosa. Provocar teofanías, esa sería la intención. De donde, naturalmente, el problema de Dios se vuelve un problema geométrico" 2.
     La geometría de la palabra consiste sobre todo en el arte de las proporciones, de las equivalencias, de la analogía. En ese arte Magrelli posee indudablemente un talento excepcional. Su pensamiento es esencialmente analógico, y de allí proviene gran parte de la gracia espontánea de su estilo. El nexo que une las asociaciones más extrañas pareciera haber estado siempre allí, y nuestro asombro es mayor aún por la naturalidad con que se lo expresa. Se entiende por qué su predilección por los pensadores neoplatónicos y, en especial, por "ese período en torno al '600 cuando todavía no había sido elaborada la idea de ciencia, y por lo tanto ve el nacimiento de una cantidad de pseudociencias delirantes" 3, que ha señalado. Las correspondencias entre lo ínfimo y lo inmenso, microcosmos y macrocosmos, lo físico y lo psíquico, los mecanismos del cuerpo y los de la mente, el arte de la poesía y el de la cocina o la ingeniería o la farmacéutica, encuentran fácilmente morada en sus textos. Pienso que no importa demasiado, como se ha discutido, si el polo predominante en su concepción es "tutto spirito" o "tutto materia"4. Lo que cuenta es poner en relación (o detectar las relaciones) entre ambos términos, hablar del pensamiento, por ejemplo, como si fuera un objeto, de las cosas como si fueran conceptos.
    En la cualidad de los vínculos analógicos que crea hay una fuerte tendencia a lo mecánico y a lo numérico. Suele dosificar con gran acierto en su léxico préstamos de los lenguajes científicos y técnicos 5. Leemos en un texto de Nature e venature: "Me gustaría dar en poesía / el equivalente de la perspectiva pictórica", y en un ensayo de poética, ha expresado: "Me gustan muchísimo los poetas barrocos, los poetas de las máquinas, por ejemplo Ciro de Pers, un poeta que se ha pasado la vida describiendo los relojes de un modo soberbio. Me gusta mucho este tipo de poesía porque, al contrario de la poesía romántica que hace hablar directamente a las emociones, ella traslada las emociones e incluso la voz misma a los objetos"6. Puede hipotizarse que tal predilección responde a un rasgo de carácter, a un cierto "pudor del hombre ante su propia imagen", o a una determinada inclinación al juego de palabras, una tendencia lúdrica que el mismo Magrelli no ha dejado tampoco de poner de relieve: "el poeta me parece que se encuentra a mitad de camino entre el sacerdote y el inventor de palabras cruzadas. [...] Me gusta considerar la poesía como un juego de palabras cruzadas, pero un juego en el cual también se debe elegir qué poner en cruz"7. Puede también pensarse en un motivo estrictamente estético, como el de hallar un mínimo orden, hecho de refracciones y simetrías, en medio del magma en que se debatía la poesía italiana en los años en que comenzó a escribir. Todo esto es posible, y se podrían aducir otras razones semejantes. Se me ocurre, sin embargo, que hay algo más. Algo que no aparece dicho y razonado en sus poemas, pero que da a sus versos un temblor que los salva de una inteligencia a menudo peligrosamente ingeniosa. Me parece que ese algo innominado es el miedo.
     La escritura de Valerio Magrelli tiene mucho de la labor paciente y meticulosa de la araña. También, como ella, es insomne y obstinada. No encuentro una mejor imagen para describir esta poesía que la de la telaraña. Se diría que su leve trama simétrica ha sido tejida para atrapar los mínimos sucesos que el día y la noche traen y llevan por el espacio de la mente, y en parte es así. La presa, muchas veces, ha sido el acto mismo de tejer, la tela misma, la misma araña ("Pienso en un sastre que sea / su misma tela"). Pero creo que el móvil último de este grácil y a la vez empecinado hilar paralelas y perpendiculares (una red insidiosa, entre cárcel y etéreo tapiz), es apartar la mirada de la visión intolerable del vacío. Es el vacío el tácito centro de la trama.
     Miedo al vacío, o lo que es lo mismo para quien sume su vida en la palabra, miedo a la mudez y quizá a lo indecible: "Si yo llegara a faltarme a mí mismo, / esta es mi preocupación. / Temo evaporarme poco a poco, / perderme en las fisuras del día / olvidando así mi pensamiento. / A veces me descubro en el silencio / de las cosas que tengo alrededor, un objeto entre objetos, / poblado de objetos". En una rara rememoración de infancia incluida en su último libro, Esercizi di tiptologia (1992), tal temor aparece como la sensación de estar abandonado en el silencio, aislado, "tagliato vía" ("Terranera"). Se adivina, en el fondo, la certeza de la esencial inconsistencia del cedazo verbal con que la conciencia pretende cernir el metal de la experiencia. Pero mayor, entonces, es la desesperación con que el poeta se aferra a las palabras y a las telarañas de la razón, una crispación creciente de uno a otro libro. Ese estremecimiento solapado bajo la aparente tersura displicente de su estilo, da a esta poesía su pathos secreto y genuino.
    Si la ambición de este autor, como ha señalado, consiste en dejar "la idea sentimental de un desgarramiento, pero expresado con un número"8, no hay dudas de que sabe que hay tajos cuyos bordes no pueden ser unidos por una ecuación. Sabe que el flujo denso, luminoso y oscuro a la vez, de esas heridas del dolor y el gozo, no puede ser medido, ni dividido en pares, ni organizado en torno a un punto de fuga, que puede arrasar con toda construcción cuyo equilibrio no resida en seguir, rítmicamente, el vaivén de su impredecible curso. Lo sabe, le teme y al mismo tiempo lo fascina todo aquello que anonada la conciencia y ciega la vigilancia del "yo bifronte / curvo sobre el espejo". Allí se detiene, en la fascinación, donde el ojo se asoma a lo negro pero mantiene las pupilas —la conciencia— inmensamente abiertas: "Tengo un hueco a la altura del estómago con un buho escondido adentro. Hablo desde esa boca de la verdad". En un poema de la sección "Amores", de Nature e venature (1987), vemos ejemplificado el modo en que la mente apolínea del autor neutraliza la atracción del abismo dionisíaco, transformando su manifestación en una cifra, en un "objeto geométrico":

Dalla notte anatomica sale
la nudità.
Férmati sulla soglia, guardala
luccicare, la moneta,
liscia, polita,
sopra cui distingui
il volto lavorato a sbalzo,
la lega morbida dell 'incarnato.
Il profilo sta fermo, non supera
la linea che gli viene assegnata,
miracolosamente trattenuto
trattiene a sé l'immagine,
la chiude nel cerchio del suo prezzo,
nella suprema decapitazione. (**)

     Allí, por el momento, en ese umbral desde el que se contempla el estático perfil, está el límite de esta poesía —y, en cuanto aceptado, conocido y trabajado virtuosamente, su sabiduría.
    Es raro encontrar autores tan monotemáticos y a la vez tan poco monótonos como Magrelli. Entre los tres conjuntos de poemas que ha publicado hasta el presente se percibe una notable continuidad temática y una no menos relevante diversidad estilística, particularmente del último con respecto a los dos libros precedentes. El tema dominante es la poesía. La importancia que el mismo asume en su obra no se debe sólo a que "es a través de la poesía que, para un poeta, pasa el contacto consigo mismo" 9, sino especialmente a que indagando en ella, Magrelli indaga en la naturaleza, las funciones y las relaciones con el mundo del espíritu humano en general. Por ello no es, en absoluto, poesía sólo para poetas la de este autor, aunque sus poemas hablen casi siempre del poema.
    Cada libro explora el tema de distinta manera. Podemos ver a Ora serrata retinae como una suerte de breve tratado de gnoseología poética; a Nature e venature como un reconocimiento fenomenológico de los materiales que intervienen y el terreno en que tiene lugar la construcción del poema (la actitud cauta y precisa del fenomenólogo parece consustancial con el espíritu de este poeta), y a Esercizi di tiptologia como un tanteo analítico en "los estratos de una conciencia químicamente alterada" (según apunta el ilustrativo comentario, sin firma, que acompaña al libro, probablemente redactado por el mismo autor).
     La extraña intensidad de la poesía de Valerio Magrelli, sin embargo, no proviene sólo de su agudeza intelectual, sino también de cuánto en este largo y minucioso diario de la mente que han ido conformando sus poemas hay a la vez de diario de vida, de cuánto la tensión abstracta de su verso delata el íntimo temblor de la temporalidad.

NOTAS

(*) Traducción en p. 97. (**) Trad. en p. 105. 1 "Un vero poeta invita al lavoro / Incontro con Valerio Magrelli", entrevista de Daniele Del Giudice, en el periódico Paese sera, 30 de junio de 1980. 2 Ibidem. 3 MAGRELLI, Valerio: "Scrittura e percezione: appunti per un itinerario poético", en il verri, marzo-junio de 1990, p. 194. 4 Se han referido al tema Pietro Citati, en "Giochi della mente svelati con grazia / La poesía di Valerio Magrelli" (Il Corriere della Sera, 1 de abril de 1987), y Carmela Fratantonio en su recensión de Nature e venature, "Versi come ossi (da Magrelli)" (en Il Piccolo, 11 de noviembre de 1987). 5 Observaciones interesantes sobre este aspecto se encuentran en la nota de Enrico TESTA "Sul linguaggio della poesia di Magrelli", en I Quaderni del Battello Ebbro, Nº 6-7, diciembre de 1990, pp. 72-75. 6 MAGRELLI, Valerio: "La poesía, como el tenis, tiene un sistema de reglas", en Diario de poesía. Buenos Aires, Nº 17, primavera de 1990, p. 28. 7 MAGRELLI, Valerio: il verri cit., pp. 186-187. 8 Ibidem, p. 200. 9 MANACORDA, Giorgio: "Valerio Magrelli / L'inquilmo del cervello", en: Per la poesia, Editori Riuniti, Roma, 1993, p. 81.

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Valerio Magrelli

Poemas
*
Poesie

Versiones de
Pablo Anadón

Preferisco venire dal silenzio

Preferisco venire dal silenzio
per parlare. Preparare la parola
con cura, perché arrivi alla sua sponda
scivolando sommessa come una barca,
mentre la scia del pensiero
ne disegna la curva.
La scrittura è una morte serena:
il mondo diventato luminoso si allarga
e brucia per sempre un suo angolo.


[Ora serrata retinae, 1980]


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Prefiero venir desde el silencio

Prefiero venir desde el silencio
para hablar. Preparar la palabra
con cuidado, así llega a su orilla
como una barca sigilosa
mientras la estela de la mente
traza su curva... La escritura
es una muerte serena:
el mundo iluminado se dilata
y quema para siempre uno de sus rincones.


[Ora serrata retinae, 1980]

Un tempo si portava sulla pagina...


Un tempo si portava sulla pagina
il giorno trascorso, adesso invece
si parla solamente del parlare.
Come se nel tragitto
dall'impressione alla carta
si fosse dischiusa una vertigine.
Dunque passando
dall 'una all 'altra sponda
tutte le mercanzie vanno perdute
e il viaggiatore
dimenticato il viaggio
sa narrare soltanto del pericolo corso.


[Ora serrata retinae, 1980]




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En un tiempo se llevaba a la página...

En un tiempo se llevaba a la página
el día transcurrido; ahora, en cambio,
se habla solamente del hablar.
Como si en el trayecto
del sentido al papel
se hubiera abierto un remolino.
Así, pasando
desde una a otra orilla,
naufragan las mercaderías
y el viajero,
olvidado ya el viaje,
sólo sabe contar del peligro sorteado.


[Ora serrata retinae, 1980]




Ho il cervello popolato di donne...

Ho il cervello popolato di donne.
Da qualche parte
dev 'essersi sfondato il cranio
e mormorando mi sgorga in testa
una fontana d'amore.
In questa regione d'ombra
cammino come un pellegrino
o come un monaco.
Dietro ogni curva
s'affaccia un viso silenzioso
bianco come una lapide.


[Ora serrata retinae, 1980]


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Tengo el cerebro poblado de mujeres…

Tengo el cerebro poblado de mujeres.
Por algún lado
el cráneo debe haberse desfondado
y murmurando brota en mi cabeza
una fuente de amor.
En esta zona de sombra
camino como un peregrino
o como un monje.
Detrás de cada curva
se asoma un rostro silencioso,
blanco como una lápida.


[Ora serrata retinae, 1980]




È specialmente nel pianto

È specialmente nel pianto
che l'anima manifesta
la sua presenza
e per una segreta compressione
tramuta in acqua il dolore.
La prima gemmazione dello spirito
è dunque nella lacrima,
parola trasparente e lenta.
Secondo questa elementare alchimia
veramente il pensiero si faà sostanza
come una pietra o un braccio.
E non c 'è turbamento nel liquido,
ma solo minerale
sconforto della materia.




[Ora serrata retinae, 1980]




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Especialmente es en el llanto…

Especialmente es en el llanto
que el alma manifiesta
su presencia
y por una secreta compresión
transmuta en agua el dolor.
El primer brote del espíritu
es, entonces, la lágrima,
palabra transparente y lenta.
Así, por esta elemental alquimia
realmente se hace sustancia el pensamiento
como una piedra o un brazo.
Y en el líquido
no hay conmoción alguna,
sólo el desasosiego mineral
de la materia.


[Ora serrata retinae, 1980)

La spiaggia, il legno fradicio, i copertoni...

La spiaggia, il legno fradicio, i copertoni
gonfi e le bottiglie, cose
guaste e corrotte, tutto questo
mi è caro, ciò che resta astenuto,
rimesso, senza scopo,
ciò che nessuno ruba,
ciò che avanza.
D'aprile
l'aria si fa appena calda.
Pare una guancia.


[Nature e venature, 1987]




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La playa, el leño húmedo, las gomas...


La playa, los maderos podridos, las cubiertas
hinchadas, las botellas, esas cosas
corroídas, gastadas, todo esto
me es querido,
lo que se queda al margen,
negado, sin objeto,
lo que ninguno roba,
lo que sobra.
En abril, la brisa
se vuelve levemente cálida.
Parece una mejilla.


[Nature e venature, 1987]
Amo i gesti imprecisi...

Amo i gesti imprecisi,
uno che inciampa, l'altro
che fa urtare il bicchiere,
quello che non ricorda,
chi è distratto, la sentinella
che non sa arrestare il battito
breve delle palpebre,
mi stanno a cuore
perché vedo in loro il tremore,
il tintinnio familiare
del meccanismo rotto.
L'oggetto intatto tace, non ha voce
ma solo movimento. Qui invece
ha ceduto il congegno,
il gioco delle parti,
un pezzo si separa,
si annuncia.
Dentro qualcosa balla.


[Nature e venature, 1987]




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Amo los gestos imprecisos...

Amo los gestos imprecisos,
un hombre que tropieza, aquel
que hace chocar el vaso,
ese que no recuerda,
el distraído, el centinela
que no es capaz de detener el breve
palpitar de los párpados,
me son queridos porque veo en ellos
el temblor,
el tintineo familiar
del mecanismo roto.
Calla el objeto, intacto,
sin voz sólo le queda el movimiento.
Aquí, en cambio, ha fallado el artefacto,
el papel de las partes: se separa
una pieza, se anuncia.
Adentro,
algo baila.


[Nature e venature, 1987]




Se la forza di gravità...

Se la forza di gravità,
la verticale, è la memoria
della terra che chiama
a sé le cose per ricordarle,
l'ansia è la mia memoria,
forza che non è amore
ma vocazione all'assedio.
Ne sento la pressione
incombere mentre la stretta
mi serra in una morsa
dove colpo su colpo sto
martellato ferro
battuto. Ecco l'urto
del tempo attratto su di me,
precipitante
nel battito del polso
nero, incudine
calamitata.


[Nature e venature, 1987]


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Si la fuerza de gravedad...

Si la fuerza de gravedad,
la vertical, es la memoria
de la tierra que llama
a sí las cosas para recordarlas,
la ansiedad es mi memoria,
fuerza que no es amor
sino vocación de asedio.
Siento cerrarse su presión
mientras me aprieta en una morsa
donde golpe tras golpe
soy martillado, hierro
forjado. He aquí el choque
del tiempo que he atraído sobre mí,
precipitándose
en el latir del pulso
negro, yunque
imantado.


[Nature e venature, 1987]

Dalla note anatomica sale...

               La terra fuori è bella, bianca, verde e rossa
      ma dentro è di colore nero, più scura della morte.
                                    Walther Von Der Vogelweide




Dalla notte anatomica sale
la nudità.
Férmati sulla soglia, guardala
luccicare, la moneta,
liscia, polita,
sopra cui distingui
il volto lavorato a sbalzo,
la lega morbida dell'incarmato.
Il profilo sta fermo, non supera
la linea che gli viene assegnata,
miracolosamente trattenuto
trattiene a sé l'immagine,
la chiude nel cerchio del suo prezzo,
nella suprema decapitazione.


[Nature e venature, 1987]




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De la noche anatómica se eleva...

                    La tierra por fuera es bella,
                               blanca, roja y verde,
                       pero por dentro es negra,
                       más negra que la muerte.
                Walther Von Der Vogelweide



De la noche anatómica se eleva
la desnudez.
Quédate en el umbral, contémplala
brillar, a la moneda,
lisa, pulida,
sobre la cual distingues
el rostro labrado en relieve,
la mórbida aleación de las mejillas.
El perfil está inmóvil, no supera
la línea que le ha sido designada,
milagrosamente contenido
contiene en sí la imagen,
la recluye en el círculo del precio,
en la suprema decapitación.


[Nature e venature, 1987]




L’abbraccio


Tu dormi accanto a me così io mi inchino
e accostato al tuo viso prendo sonno
come fa lo stoppino
da uno stoppino che gli passa il fuoco.
E i due lumini stanno
mentre la fiamma passa e il sonno fila.
Ma mentre fila vibra
la caldaia nelle cantine.
Laggiù si brucia una natura fossile,
là infondo arde la Preistoria, morte
torbe sommerse, fermentate,
avvampano nel mio termosifone.
In una buia aureola di petrolio
la cameretta è un nido riscaldato
da depositi organici, da roghi, da liquami.
E noi, stoppini, siamo le due lingue
di quell 'unica torcia paleozoica.


[Esercizi di tiptologia, 1992]


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El abrazo


Dormida tú a mi lado, yo me inclino
y cerca de tu rostro me adormezco
como una vela que recibe
la llama de otra vela.
Y las dos lucecitas permanecen
mientras el fuego pasa y sueña el sueño.
Mas mientras sueña vibra
en el subsuelo la caldera.
Arde allá abajo una naturaleza
fósil, allá en el fondo
arde la Prehistoria:
turbas muertas, sepultas, fermentadas
llamean dentro del termosifón.
En una oscura aureola de petróleo
nuestro cuarto es un nido calentado
por residuos orgánicos, hogueras,
putrefacciones... Y nosotros,
somos, bujías, las dos lenguas
de esa única antorcha paleozoica.


[Esercizi di tiptologia, 1992]



 
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